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Está situado en la Alameda de Osuna, en Madrid (España) y tiene una extensión de 14 hectáreas. Data de 1787 y en su trazado mezcla conceptos barrocos y paisajistas. Pertenecía al Palacio de los Duques de Osuna y tras su muerte, pasó por diversas manos, hasta que se declaró jardín artístico en 1943. En 1974 se reabrió al público y en 1987 el Ayuntamiento procedió a su rehabilitación.

 

 

Palacio

 

Don Pedro de Alcántara Téllez de Girón, noveno duque de Osuna,  en 1783  compró al conde de Priego unos terrenos con una casa de labor, una huerta y varios edificios. El duque amplió la finca con la adquisición de terrenos colindantes, mandó plantar la alameda que daría nombre a la finca y, en 1787  comenzó la construcción del palacio de forma cuadrangular con torreones en los extremos, obra de los arquitectos Machuca y Medina.

Hacia 1792 ya estaba la finca prácticamente completada con numerosos edificios anejos. La Alameda de Osuna también sería conocida como ”El Capricho” en honor de la duquesa de Osuna, pues fue ella quien más interés puso en su transformación en finca de recreo.

 

 

En la invasión francesa, el recinto pasa a ser propiedad del general francés Agustín Belliard, quien parece ser que utilizó las instalaciones para sus tropas. Posteriormente, tras la retirada del ejército francés, el lugar regresó a manos de la Duquesa, quien llevó a cabo una reforma del mismo. En 1815, se repoblaron arbustos, y se construyó el casino de baile, también se levantaron columnas y relieves que se consideran representación de las cuatro estaciones, primavera, verano, otoño e invierno.

En 1882 la finca del Capricho fue subastada y adquirida por la familia Bauer. Aunque en 1934 la finca fue declarada Jardín Artístico, durante la guerra civil el palacio estuvo ocupado por el general Miaja como Cuartel General del Ejército republicano (en el parque permanecen aún un búnker, un refugio subterráneo a la izquierda del palacio y los restos de varios nidos de ametralladoras junto al castillo).

Tras la guerra pasó a ser propiedad de una inmobiliaria y finalmente el Ayuntamiento de Madrid a partir de 1975,  acometió la tarea de restaurar el conjunto y abrirlo al público. El largo abandono acabaron con las pinturas del palacio y los diversos monumentos y esculturas repartidos por los jardines.

 

Casino de Baile

 

Constituye uno de los caprichos más significativos de este peculiar jardín. Fue de las últimas construcciones que se levantaron en vida de su propietaria y promotora, la duquesa de Osuna, por entonces ya viuda desde hacía ocho años.

Con la llegada de los franceses, la duquesa se trasladó a Cádiz y la finca fue confiscada por los invasores, quienes produjeron unos daños considerables según se desprende de la correspondencia que aquélla mantuvo con uno de los encargados que permaneció en Madrid. 

A su regreso a la propiedad, ya con Fernando VII instaurado en el trono, la duquesa puso gran empeño en recuperar la finca, iniciándose una intensa labor de mejora de la vegetación que ya no se interrumpió hasta su muerte producida en 1834.

 

 

Aunque en el palacio ya existía un salón de baile, la duquesa lo consideró inadecuado para el momento y en 1815 hizo construir el casino, eligiéndose  una ubicación muy particular, encima del pozo que alimenta la ría. Este emplazamiento brindaba a la noble y a sus distinguidos visitantes la atrayente posibilidad de alcanzar el casino en barca o falúa navegando por la ría desde el embarcadero.

El Maestro Mayor de Madrid, el arquitecto D. Antonio López Aguado, ideó un edificio en dos cuerpos superpuestos perfectamente diferenciados. El inferior de forma cuadrada  acoge el pozo de 15 metros de profundidad del que mana el agua que cae a la ría a través de un elemento ornamental muy representativo de este edificio, la talla en piedra de un jabalí que se aloja en un hueco emplazado bajo la doble escalera de acceso al salón. Éste se levanta justo encima adoptando su estructura una forma octogonal. En ella destacan los relieves realizados en las sobrepuertas representando las cuatro estaciones del año.

El interior se adornó con espejos como era entonces costumbre en este tipo de salones, siendo el piso de maderas finas y apareciendo en el techo plano, una pintura neoclásica representando al Zodíaco.

 

 

 

Casa de Cañas

 

La Duquesa de Osuna quiso que en su propiedad de la Alameda existiesen todos los elementos que caracterizaban el jardín " anglo-chino" que estaba en boga a finales del siglo XVIII en toda Europa. Entre los elementos más característicos de estos jardines se encontraban las rías, los lagos de bordes irregulares y las islas. Se construyó a lo largo de su límite norte una ría artificial que hacia el medio de su recorrido se abre en un estanque. Hasta ese lago llegaban las barcas en que navegaba Doña María Josefa y sus invitados.

En la orilla próxima a la desembocadura de la ría se levanta un pequeño embarcadero conocido como la " Casa de Cañas" por estar revestido su exterior con este material. Este edificio servía no sólo para guardar los barcos sino que incluye un pequeño pabellón de reposo que se abre hacia el agua y que servía como comedor ocasional.

El artífice de esta construcción fue el escenógrafo milanés Ángel María Tadey que trabajó para la Duquesa entre los años 1792 y 1795.

 

 

Tanto el interior del embarcadero como el salón están decorados con pinturas murales que simulan una falsa arquitectura. La técnica pictórica conocida como " trampantojo" o engaño visual sirve para que el espectador que está dentro de los edificios pueda contemplar un paisaje dibujado a través de unos huecos también pintados. En el embarcadero unos falsos cortinajes simulan el interior de una tienda de campaña y en el comedor unas finas columnas sostienen un toldo. A través de los huecos pintados en los muros el espectador contempla un paisaje inexistente y al mismo tiempo puede ver, a través de las puertas y ventanas auténticas, la realidad del lago donde se levanta la Casa de Cañas.

 

 

La Casa de Cañas ha sobrevivido hasta nuestros días a pesar de la fragilidad de los materiales con que está construida y de los avatares por que ha pasado el jardín después de la muerte de su último propietario, el XII Duque de Osuna, D. Mariano. Sin embargo, el estado de conservación en que se encuentra ha obligado a que se ejecutasen trabajos de restauración. Entre los años 1999 y 2001 se realizaron trabajos de refuerzo de la estructura, recuperación del acabado de cañas con la aplicación de un color aproximado al original y restauración del suelo perimetral y de la barandilla. En el interior de los gabinetes se restauraron las pinturas murales que habían sufrido el deterioro de muchos años a la intemperie y se colocaron los cerramientos y carpinterías que habían desaparecido

En el centro existe una isleta con una cascada y un monumento erigido en honor al tercer duque de Osuna, virrey de Nápoles.

 

 

 

Abejero

 

No se han encontrado documentos que permitan determinar con precisión la fecha en la que este edificio fue construido, aunque se estima que no debió de ser mucho antes de 1794, año en el que consta fueron realizados ciertos trabajos destinados a esta obra, dirigida en aquel entonces por el arquitecto Mateo Medina.

Se trata de una construcción inédita que combinaba la suntuosidad otorgada por su ostentosa decoración interior, hoy ya desaparecida, con la originalidad proporcionada por su peculiaridad más destacable, consistente en poseer una serie de colmenas incorporadas a una de las fachadas. Pero lo más destacable de este hecho era que, mientras las abejas entraban y salían de sus panales a través de unas trampillas metálicas situadas en el exterior, la actividad que tenía lugar dentro de los mismos podía ser cómodamente contemplada desde el interior del edificio a través de cristales que con tal finalidad cerraban las colmenas por el extremo opuesto. El ingenio se complementaba con el ajardinamiento que lo rodeaba, todo él a base de las plantas preferidas por las abejas para elaborar la apreciada miel que luego era debidamente recolectada.

 

 

La estancia circular por la que se accede al Abejero, contiene 8 columnas coríntias con basa y capiteles dorados que sostienen una cornisa y la cúpula que cierra por arriba el conjunto. Aunque los mármoles, estucos, policromías y tallas que había entonces en esta sala contribuían todos a conferirle la pretendida distinción, la pieza auténticamente valorable corredpondía a una Venus esculpida en mármol de Carrara, obra de Juan Dán, que dominaba este espacio desde lo alto de un ornamentado pedestal situado en el centro del salón sobre una elegante mesa de nogal.

A partir de esta rotonda central de planta octonogal, la construcción se extiende a cada lado en dos pabellones alargados, también antaño ricamente ornamentados, en donde se ubican los panales.

 

 

Casa de la Vieja

 

Este edificio supone una de las muestras más caprichosas de cuantas se hallan en el jardín, todo él un puro antojo, como, de hecho fue reconocido por la propia creadora del mismo, cuando le asignó el nombre por el que aún se le conoce.

La Casa de la Vieja, es una construcción ornamental de cuidadosa apariencia, que fue incluida en la parte del recinto dotada de ajardinamiento tipo inglés, es decir, cuyo diseño sigue un modelo paisajista que pretende proporcionar al espacio un aspecto general con predominio de la naturalidad.

El edificio, construido entre 1792 y 1795, imita una casa de labranza, seguramente similar a las que existirían en la finca antes de que sus propietarios de entonces, los duques de Osuna, transformaran lo que fue una explotación agrícola en este jardín.

 

 

 

Donde se pone mejor de manifiesto hasta qué punto esta obra resultaba  un auténtico capricho, es en su interior que, aunque hoy se haya vacío, fue en su día ambientado como una casa de labradores, con paredes decoradas con los objetos y elementos que componían o se ubicaban usualmente en las mismas, pero en lugar de reales, pintados al estilo goyesco. Había también enseres verdaderos, imitaciones de alimentos hechas en madera, y quizás, lo más curioso, los propios habitantes de la vivienda, materializados en muñecos de dimensiones reales dotados de movimiento.

La cocina poseía un armario, un juego de café, un fregadero, una mesa, tres taburetes, una tinaja, cacharros, platos, cubiertos y reproducciones en madera de dos jamones, siete chorizos, tres morcillas y un pastelón, además de un melón, espárragos, pimientos, etc...

En el cuarto llamado " de la Vieja" , se hallaban dos muñecos, uno representando una anciana hilando y otro un muchacho. Años después de concluirse el edificio y para completar tan singular conjunto, se añadió a la escena otro autómata representando a un labriego. El mobiliario que les acompañaba, consistía en dos camas, dos sillas, un taburete y una mesita.

En el cuarto contiguo, llamado " Gabinete de Musgo" , las paredes y los asientos de sus ocho sillas estaban recubiertas de musgo, habiendo también una mesa circular de mármol.

El retrete disponía de un orinal grande, y otro pequeño y, en el piso de arriba, el denominado " Gabinete Rico" se adornó con pinturas neoclásicas, un velador y doce sillas con asientos de paja. Finalmente, la pieza de salida al balcón contenía dos bancos de pino ordinarios.

 

 

Templo de Baco

       

En 1845 Madoz realiza una descripción en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar: " en la parte más elevada inmediato al parterrre, y entre espesos bosquetes hay un templete ovalado sobre 5 gradas de piedra berroqueña, pavimento de mármol y con asientos de lo mismo. Doce columnas estriadas de piedra berroqueña con bases y capiteles de piedra blanca de Colmenar, sostienen su cornisamiento anular, y forman este templete, en cuyo centro hay un pedestal aislado de mármol de San pablo que sostiene una estatua de Baco de mármol blanco" .

 

 

La construcción del Templete, situado en la cota más alta del jardín, se inició en 1786 y concluyó en 1789. La idea parece inspirarse en el templo que Villanueva está haciendo en Aranjuez y por supuesto del petit Trianon que María Antonieta está realizando en Versalles poniendo de moda el jardín inglés.

 

 

Exedra

 

La llamada Plaza de los Emperadores fue decorada en una fecha indeterminada de la última década del siglo XVIII con una exedra, conjunto arquitectónico y escultórico dotado de unos bancos para descansar.

Este monumento consta en su parte central de un pequeño templete, consistente en cuatro columnas jónicas que sustentaban una semicúpula adornada con motivos florales y conchas. Originalmente, tal estructura fue concebida como fuente, por lo que llegó a denominarse como " Fuente de las Columnas" , aunque parece ser que nunca llegó a ser tal, conociéndose actualmente todo el conjunto como la " Exedra" .

Después de diversas etapas mal documentadas, el monumento fue remodelado a partir del año en que muere la Duquesa de Osuna, corriendo los trabajos a cargo del arquitecto D.Martín López Aguado, hijo del que dirigiera años antes la construcción del Casino de Baile.

 

 

Según esta definitiva configuración, al templete se accede a través de unas escalinatas y zócalos ornamentados con esfinges. Había también siguiendo la descripción que recoge Madoz en su Diccionario Geográfico Histórico de 1845, " dos estatuas de leones y jarrones de plomo, diez bustos de mármol de Carrara de otros tantos emperadores romanos en sus correspondientes pedestales y cuatro cómodos asientos de piedra..."

Cuatro años después de la muerte de la duquesa, su nieto D. Pedro Alcántara Télle-Girón hace añadir un busto de su abuela que se encarga de realizar en bronce José Tomás y que se ubicó bajo la semicúpula del templete sobre un gran pedestal de mármol rosa.

Cuando la familia Bauer compra la finca a comienzos del siglo XX, se encuentra en perfecto estado y en 1945 cuando se vuelve a vender también. Después de esta fecha el monumento sufre importantes daños que lo llevan a un estado ruinoso. En 1987 la Escuela Taller Alameda de Osuna lleva a cabo una restauración.

 

 

 

Fortín

En el Diccionario Geográfico y estadístico de España (1845), Madoz describe el Fortín como se detalla a continuación: " ...hay un fuerte de figura triangular con baluartes, puentes estables y levadizo y foso de aguas que lo circunda. Este fuerte está guarnecido por 12 piezas de artillería de varios calibres con sus correspondientes arcas de municiones, con juegos de armas, asta, bandera y demás útiles de defensa y ornato" . Se atribuye esta edificación a Martín López Aguado aunque por la fecha de construcción podría ser de su padre Antonio López Aguado.

 

 

La primera vez que se nombra la actual batería o Fortín es en un inventario del mobiliario del jardín fechado en 1829: " Batería: una mesa de madera fina con filetito de embutido, 12 sillas con asientos de paja pintados y de blanco con rayas verdes y moradas, una garita con un soldado vestido y armado al natural, 12 cañones de bronce con sus cureñas" . El soldado que aparece mencionado en este inventario ya se menciona en 1814 en una cuenta por " tierra, bolas y pólvora para el soldado" .

En 1844 y 1845 hay cuentas por obras de albañilería, construcción de cureñas, válvulas para el foso y compostura del puente levadizo.

 

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