Al utilizar ELHOGARNATURAL  acepta que pueda instalar cookies para ofrecerle una mejor experiencia de navegación en nuestra página. Si continúa navegando entendemos que acepta nuestra política de cookies. Ver Política de cookies

 

 

 

Siguenos en:  

 

 

Web

www.elhogarnatural.com

 

Plantas y Vegetales

 

 

Cuidados

 

 

Varios

 

 

Reportajes

 

 

Rincones Mágicos

 

Amsterdam 
Angkor Wat 
Árbol encadenado 
Arboreto Luis Ceballos 
Bahía de Ha-Long 
Bosque de la Herrería 
Bosque el Forestal de Villaviciosa 
Casa de Campo/Casa de Vacas 
Chozo Kindelan 
Dalieda de San Francisco 
Dehesa de Navalcarbón 
El Alcornoque del Bandolero 
El Bosque Encantado 
Finca Mataespesa 
Invernadero Estación Atocha 
Invernadero Palacio de Cristal 
Invernaderos del Jardín Botánico 
Islas Azores 
Jardín de las Tres Culturas 
Jardín del Príncipe de Anglona 
Jardín Museo Joaquín Sorolla 
Jardín vertical 
Jardines de Cecilio Rodríguez 
Jardines de El Escorial 
Jardines Cuatro Torres 
Jardines del Campo del Moro 
Jardines La Granja San Ildefonso 
Jardines del Palacio del Pardo 
Jardines Palacio Real / Madrid 
La Gran Muralla China 
Lagos Plitvice / Croacia 
Las Islas Vírgenes Británicas 
Madeira 
Monte de El Pardo 
Mustang: reino perdido Himalaya 
Palmira 
Parque el capricho 
Parque del Oeste 
Parque del Retiro 
Parque Nacional Torres del Paine 
Parques de Villalba / Madrid 
Presa del Grajal/Colmenar Viejo 
Quinta de la Fuente del Berro 
Quinta de Los Molinos 
Ruta a la Peña del Arciprestre 
Ruta Camino del agua/Cercedilla 
Ruta Cascada Purgatorio/Rascafría 
Ruta de la Presa del Gasco 
Ruta de las Caras 
Ruta Molinos Río Perales 
Ruta Tejos Milenarios (Rascafría) 
Senda botánica-Torrelodones 
Valle de la Fuenfría/Cercedilla 

 

Vídeos

 

 


 

 

  Sigue el tablero Molinos del Río Perales de El Hogar Natural en Pinterest.

 

 

 

Navalagamella es un municipio situado en la zona oeste de la Comunidad de Madrid, un pueblo pequeño y agradable que cobró cierta importancia con la construcción del Real sitio de El Escorial y cierto protagonismo durante la contienda civil del siglo pasado.

 

Muchos de los vecinos de Navalagamella de los tiempos de Felipe II formaron parte de los muchos artesanos de la piedra y la madera que levantaron ese prodigio, patrimonio de la humanidad que es el Monasterio de San Lorenzo. Buena prueba de ello es la monumental construcción que el visitante encuentra a la entrada del pueblo cuando rinde viaje desde Valdemorillo, la Iglesia de Nuestra Señora de la Estrella, que data del Siglo XVI y es de estilo Herreriano, el mismo con el que se moldeó el Monasterio del Real Sitio. Parece ser que este templo formó parte de un plan para agradecer a los lugareños el trabajo realizado en el Monasterio escurialense, aunque también, tras esa afirmación se esconde la idea de la corona de rodearlo de grandes obras, que a su vez hicieran aun mayor la fama del Monasterio mejorando su entorno. Sea cual fuere la intención, la Iglesia de la Virgen de la Estrella es el orgullo del pueblo y con razón, conservada con mimo y un esmero que, desgraciadamente no siempre se da en otros lugares monumentales de esta doliente tierra.

 

 

Sin embargo, Navalagamella fue un lugar castigado por la violencia durante la Guerra Civil. Y el municipio fue destruido por la artillería en aproximadamente las tres cuartas partes. La población tuvo la desgracia de estar situada en uno de los vértices de lo que fue la batalla de Brunete que aconteció durante el mes de julio de 1937. Aunque no fue centro directo de los peores combates, la realidad es que el frente, que poco después quedó estabilizado, lo fue en su término municipal. Así, el ejercito de Franco decidió fortificar ese frente para protegerse de una nueva ofensiva republicana, una ofensiva que nunca llegó, pero que dejó el municipio plagado de construcciones bélicas de hormigón, muchas de ellas en un excelente estado de conservación y que hoy son motivo de peregrinación por parte de los enamorados de nuestra reciente y triste historia.

 

Pero hemos preferido recorrer, como es nuestra intención, lugares de alto contenido ecológico, y esta ruta de los molinos del río Perales cumple esos requisitos con creces.

 

Este pequeño pero, a veces, turbulento río cruza el término municipal, y en su peregrinar por el mismo, aloja en su cauce hasta seis molinos de grano, todos ellos de origen medieval, con distinto grado de conservación. La ruta balizada que hemos recorrido muestra al caminante dos de ellos, uno de los cuales es sin duda el mejor conservado de cuantos hemos visitado.

 

La ruta figura en los catálogos de sendas ecológicas de la Comunidad de Madrid, por lo que es fácil encontrar información del mismo (descargar PDF con indicaciones muy útiles), no obstante, el recorrido está balizado y no es fácil perderse, aunque hay algún punto ligeramente conflictivo, pero hay que tener siempre en cuenta que cercano a cada punto así, hay una baliza, si no se encuentra en más de un kilómetro es que se ha errado el camino.

 

 

La ruta comienza en la iglesia de Nuestra Señora de la Estrella, lugar donde se puede aparcar bien y además permite la visita de la fortificación más cercana al pueblo, que se encuentra a muy pocos metros   de este punto. Cruzando el pueblo hacia la derecha, en dirección al mirador del hondillo, lugar que se encuentra junto a una urbanización de viviendas unifamiliares y que también dispone de sitio cómodo y asfaltado para aparcar. Por ello, decidimos ahorrarnos la subida, porque para tomar un refrigerio en el pueblo siempre hay tiempo y sitios donde parar.

 

El mirador se encuentra en lo más alto del pueblo, en las eras donde se hacía la trilla. Desde allí se observa un panorama magnífico del bosque de encinas, el árbol más abundante en esta zona tan fantástica como poco conocida de la Comunidad de Madrid. La ruta comienza a la derecha del mirador, en un camino bien cuidado que sin embargo no está autorizado para el uso de vehículos de motor. Es una de las muchas vías pecuarias que cruzan la zona, tal vez uno de los motivos de la existencia de este lugar, auténtico cruce de caminos que fue históricamente durante los siglos de vigencia de la trashumancia. El camino desciende de forma algo vertiginosa y recuerda al caminante que ha de volver a subir por él, porque este tramo se hace para empezar y terminar. Cuando el camino se estabiliza y torna llano, a la derecha están los restos de dos chamizos propios de un descansadero, lugar donde los pastores y el ganado descansaban de las largas jornadas de camino por las cañadas y los cordeles que confluyen en el pueblo y sus alrededores. Los responsables de convertir la senda en lugar amigable, han dispuesto de algunas mesas con bancos para recuperar la vieja función del lugar, además de un soporte en madera para que los ciclistas no tengan la necesidad de dejar tirada la bicicleta para descansar un rato, este mobiliario está presente en algunos puntos más del recorrido.

 

 

 

Desde este punto la senda continua discurriendo por el camino ancho, por lo cual, es fácil no perderse, tan sólo hay que desviarse a la derecha en dirección a los molinos, cuando el camino atraviesa el río Perales en las ruinas del viejo puente medieval que ya no une las dos riberas, pero que aun conserva dos enjutos pilares de piedra. Desde ahí la ruta se encamina por la ribera derecha del Perales y la senda, más oculta en el paisaje, está balizada mediante piedras a ambos lados. Tras cruzar un lanchar y pasar al lado de la tubería del canal de Isabel II que une los pantanos de Las Picadas y Valmayor, el camino se encrespa. Para las familias con niños es recomendable tener especial cuidado, los riesgos de caída aumentan ya que se camina al borde de una garganta que, si bien no es excesivamente alta, sí puede llegar a ser peligrosa, y tras unas escaleras ya muy deterioradas, el viajero se deleita con el primer molino. Una construcción de sillería en muy buen estado, un molino de cubo que conserva buena parte de sus instalaciones. Al pie del molino hay algunas mesas donde reponer fuerzas, a estas alturas, es de agradecer.

 

 

 

Continuando el descenso, aparece un segundo molino, mucho más deteriorado que el que se acaba de dejar, ambos tienen su origen en el medievo y dicen los vecinos del pueblo que suministró harina al Real sitio de El Escorial.

 

Después de la rápida visita al segundo molino se desciende un poco más por la estrecha vereda hasta encontrar una vivienda a la izquierda, donde el camino desemboca en un cruce de caminos que nos obliga a una decisión, izquierda o derecha. A la izquierda se alcanza la carretera que une Valdemorillo con Navalagamella, sobre un puente amplio y hermoso que salva el Perales, pero la ruta invita a decidirse por la derecha, algo menos de un kilómetro de camino junto a la valla de la finca que fuera del Maestro de la tauromaquia madrileño, Antonio Chenel, Antoñete, en ella el torero pasó los últimos días de su vida. Tras cruzar un pequeño puente de madera, vuelve a aparecer el descansadero que recuerda que hay apenas cuatrocientos metros de una subida bastante pronunciada, la vista del coche con agua fresca es más llamativa que un nuevo vistazo desde el mirador del Hondillo, pero el recorrido ha sido hermoso y no excesivamente agotador, a pesar los últimos cuatrocientos metros.

 

 

Revista Cibernaturaleza.

www.cibernaturaleza.com

 

Más fotos en

 

 

 


Copyright (c) 2005 - 2014. Licencia Creative Commons By-excepto los vídeos-By-Nc-Nd