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La zona en la que se encuentra este parque peculiar se la conoce como “Las vistillas”, la razón de esa denominación es que está en la zona más alta del Madrid de los Austrias, y las vistas son privilegiadas al sureste de la ciudad. Este parque es una rareza pues, en un lugar muy interesante.

 

El lugar, el solar donde está la Dalieda, albergó el convento de San Francisco, anejo a la Basílica que hoy se conoce como de San Francisco el Grande, aun siendo muy anterior a la misma. Dice la leyenda que se construyó el convento franciscano en el lugar donde el Santo de Asis, en su periplo por España con el fin de convertir al sur aun islámico al Cristianismo, hizo parada y fonda, para lo que construyó el “poverello” (Pobrecillo) como se le conocía por aquellos tiempos, una choza y promovió la construcción de una ermita. Lo cierto es que, si bien hay constancia de la presencia de San Francisco en la España cristiana, a la que llegó hacia 1213 según algunos historiadores, no parece que permaneciera hasta el año 1217 como indica la placa que figura en la fachada de la Basílica y otros historiadores, el Santo tenía la intención de participar en el Concilio de Letrán para promover la aprobación de su regla, en 1214 y aunque no hay noticias de que asistiera al mismo, tampoco las hay de que continuara en España. Sea como fuere, la leyenda defiende que el lugar es especial por la presencia y bendición de uno de los personajes históricos del catolicismo que más cerca estuvo de la Naturaleza, el Hermano Francisco de Asis, el Poverello es protagonista de los lugares de culto y aledaños de la zona de las Vistillas.

Construido pues entre el Siglo XIII y XIV, el convento permaneció en pie hasta convertirse en cuartel de infantería y posteriormente en prisión militar. En 1961, con la remodelación urbanística de la zona, fue derribado el convento con el fin de lograr espacio para la prolongación de la calle Bailén, que a partir de ese punto se llamaría Gran Vía de San Francisco.

La unión del convento con la estructura de la Basílica es el recuerdo que queda del convento y llama la atención del visitante de la Dalieda, curiosamente, desde 1961 hasta los primeros años del nuevo siglo, el solar fue objeto de polémica, ya que la titularidad del mismo era de la iglesia, el caso es que entre pleitos e intentos de acuerdos, el solar se convirtió en un estercolero y en un campamento gitano, y aún existe cierto grado de divergencias entre los vecinos, el Ayuntamiento y   la Iglesia, pero esto no es objeto de nuestro tiempo.

La idea de que el   parque de 4.400 metros cuadrados estuviera dedicado temáticamente al cultivo de las dalias no era nueva, en los primeros bocetos, la Iglesia tenía la intención de que así fuera, como finalmente por fortuna se decidió ya que rosaledas hay muchas y muy hermosas, pero daliedas no, al menos yo no conozco otra. El pequeño parque está, pues, situado en un hermoso lugar del viejo Madrid, las “Vistillas”, sobre lo que en tiempos fue la muralla árabe de la ciudadela defensiva que en un principio era Magerit, no muy lejos de otro lugar emblemático, el complejo que agrupa al Palacio Real y la Catedral de la Almudena, que ocupan el solar en el que originariamente se elevaba el Alcazar, construcción defensiva que con el tiempo fue evolucionando en el palacio y residencia de la Corona en la capital del Reino hasta su destrucción en un incendio.

Por aquellos lugares aún pueden verse sectores pequeños de los restos de la muralla en un paseo que enlazaría el Parque del Oeste con la visita al Templo egipcio de Debod, el Palacio Real, La Almudena, el Viaducto de la calle de Bailén, San Francisco el Grande, la dalieda y finalmente la puerta de Toledo, además de dejar a la izquierda los lugares más hermosos del Madrid de los Austrias, como la plaza de la Paja de la que hablamos en la edición anterior, la plaza de la Villa, antigua sede del Ayuntamiento madrileño y con uno de los monumentos emblemáticos poco seguidos por los madrileños, la torre y palacio de los Lujanes, Probablemente el último edificio en pie del Siglo XV. Un paseo no muy largo y lleno de lugares hermosos y que bien puede hacer una parada especial en nuestro protagonista de hoy.

Para la construcción del parque se optó por crear una verja de granito y hierro de forja acorde con la que rodea a la Basílica   contigua, en realidad no es un cerramiento completo como el que está presente en el Jardín botánico o en el Retiro, tan solo cierra el frente del parque. El lado derecho como hemos definido anteriormente, son los muros de San Francisco el Grande, con los restos de lo que fue el Convento de San francisco, cosa de agradecer pues permite imaginar la historia monacal del complejo, el lado izquierdo está abierto a una calle y el fondo lo constituye un mirador sobre el parque de la cornisa, rematado por una balaustrada de forja sobre sillares de granito. En ese fondo se ha instalado una escultura que representa a San Isidro ayudado en sus tareas por un Ángel, esta escultura, realizada por Santiago Costa en 1952 para la fuente de Villanueva, estuvo en su emplazamiento original en la glorieta de San Vicente hasta que fue trasladada a donde ahora puede admirarse, en el paseo de coches del Parque del Oeste, pero en su nuevo hogar, la fuente perdió los grupos escultóricos que terminaron en un almacén municipal. Uno de ellos, algo más de 10 años después de su exilio, ha llegado a la dalieda para poner un punto de arte junto al mirador, un lugar que merece una visita durante todo el año, aunque las dalias estén ausentes.

Los parterres de las dalias ocupan el lugar donde estaba el claustro del convento y están resueltos con algunos escalonados desde la verja para alcanzar la altura del mirador, en ellos pudimos disfrutar de unas hermosas variedades, hasta 40 diferentes, si es que se mantiene el objetivo original de plantación. Para los visitantes, conviene recordar que el tiempo de floración de la dalia es desde los primeros calores de mayo hasta finales del otoño, después se pierde la planta, manteniendo sus raíces que brotarán la siguiente primavera, por lo que los parterres pierden los brillantes colores de la flor y también el verde de sus tallos y hojas a finales de otoño hasta mediada la primavera, por lo que el parque adquiere un color terroso que no indica la belleza que albergará tiempo después.

Hasta ahora hemos hablado del parque, pero no de la flor que lo adorna, la dalia. Las primeras noticias que se tienen de tan hermosa flor, datan de 1517, cuando los expedicionarios españoles descubrieron la península de Yucatán. Al parecer quedaron prendados de la hermosura de una flor que los indígenas llamaban Acocoxochit, una traducción lo más fiable posible sería “flor tubo de agua”, probablemente porque su tallo es hueco. Francisco Hernández, médico personal de Felipe II, enviado especialmente para conocer las bondades de Nueva España y dar traslado del conocimiento adquirido a la Corona, describe la enorme belleza de dos especies de flores que los nativos conocían con el nombre de pipa de agua y bastón de agua, esto ocurría en 1570.

La popularización de tan hermosa planta, no obstante, no llegó hasta el siglo XVIII, cuando el director del Botánico de Nueva España, D. Vicente Cervantes, envió al Botánico de Madrid, en concreto a uno de sus destacados miembros, Abbé Cabanilles, semillas de la planta. Éste plantó las semillas obteniendo impresionantes resultados y procedió a seleccionar las mejores floraciones, realizó un pormenorizado estudio y descripción de la misma y le dio el nombre de Dahlia en honor al botánico sueco Andreas Dahl. Posteriormente distribuyó semillas de la planta entre los jardines botánicos europeos con los que el Real Jardín Botánico de Madrid tenía acuerdos de colaboración. Desde ese momento, la popularidad de la dalia creció exponencialmente en todo el mundo donde jardineros de gran prestigio las plantaron en los jardines más hermosos, logrando mediante selección e hibridación muchas de las variedades que hoy podemos disfrutar.

Para terminar, no puedo olvidarme de su origen. La dalia es originaria de       México y es también considerada la flor nacional mexicana por decreto presidencial y por tanto un símbolo botánico de tan querida tierra, tal es así que desde el año 2007, todos los 4 de agosto se celebra el día nacional de la dahlia, con celebraciones y homenajes a todos cuantos en una u otra manera han tenido algo que ver con la popularidad de tan hermosa flor. Celebramos pues la existencia de esta dalieda madrileña y de la flor, regalo de las tierras de México al mundo, invitando a una visita, especialmente en el ocaso donde se mezclan los mejores colores de las flores y los cielos madrileños.

Juan Pablo Muñoz

 

 

 

 

 


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