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Islas Azores

 

UNO DE LOS ARCHIPIÉLAGOS  MÁS BELLOS DEL MUNDO

   

 

Desde que Platón reinventó la Atlántida, son varios los lugares en los que se sitúa el mítico reino de Antinea: Thera-Santorini, las Islas Canarias, Madera, incluso Tartessos-Cádiz, y por qué no, también Las Azores.

A 3.750 kms., de las costas norteamericanas y unos 1.400 de Lisboa el archipiélago de Las Azores fue descubierto por los marinos portugueses de D. Enrique el Navegante, en el siglo XV alrededor del año 1427. Sobre la cresta transatlántica que va desde el Ecuador hasta Islandia más o menos a mitad de camino están las cimas de cadenas volcánicas y submarinas de coral.

Son nueve islas distribuidas en tres grupos:

  • El oriental (San Miguel y Santa María).
  • El occidental (Corvo y Flores).
  • Y el central (Terceira, Graciosa, San Jorge,  Pico y Faial).

 

Tres aeropuertos internacionales, Santa María, Angra y Punta Delgada comunican por la línea aérea de Las Azores, SATA las distintas islas, además de las líneas regulares marítimas. SATA Internacional creada en 1947, con pocos itinerarios pero que incluyen Madrid y Lisboa, posee una modernísima flota y un servicio a bordo que va quedando en el mejor recuerdo de lo que era el placer de volar hace pocos años. La llegada desde España, al aeropuerto alegre y de elegante diseño, de Punta Delgada en la isla de San Miguel,  nos abre las puertas de un lugar selecto, correcto con un servicio de aduanas rápido y gentil y unas tiendas coquetas y con bellos productos de la isla. Hay varias marcas de joyería y bisutería que utilizan con estilo las piedras y los elementos naturales de Las Azores. Por cierto, en ocho días de estancia, solamente he visto policías en el aeropuerto, muy cercano a la ciudad dibujada cuidadosamente en sus edificios y callecitas con las calzadas de mosaico empedrado todas diferentes, como sucede también en otros lugares de la isla. Las alturas son limitadas, e incluso aún más que en la isla de Madera, han sabido mantener el urbanismo tradicional. No son grandes distancias y la cantidad de tiendas y comercios tradicionales alegra el paseo entre iglesias y monumentos, a pocos metros del mar, existiendo también la posibilidad por muy pocos euros de recorrer toda la zona en una magnífica calesa limpia y cuidada y con cocheros simpáticos que nos explican lo que vemos, tiendas de toda la vida, salteadas de algunos centros comerciales, que no rompen el entorno, bordean el puerto, desde el que pueden hacerse excursiones marítimas, para avistar delfines y dicen que con suerte ballenas, sobrevoladas por aves acuáticas. Son numerosos y muy buenos los barcos que ofrecen excursiones, pero yo destacaría el Glass Bottom, que además de ser de los más económicos tiene un bellísimo diseño que podría haber hecho las delicias, si viviera hoy, del capitán Nemo.

 

Cualquier hotel es punto de partida de numerosas visitas para conocer las increíbles bellezas de la isla de San Miguel, con campos tan cuidados, como  los europeos de Alsacia, Baviera o los Alpes Austríacos. Son pastos y laderas dibujados con muros y setos de hortensias coloreados con la tierra roja, con helechos arbóreos, enebros, eucaliptos y laureles. También hay importantes plantaciones de té. Es un clima húmedo y suave con temperaturas de 18 a 20º de media, si bien a veces en un solo día pueden vivirse las cuatro estaciones del año.

 

 

Son numerosísimos los conos volcánicos que, en ocasiones, son la base de lagos sorprendentes. También hay un ganado muy cuidado y plantaciones de piña, más bien pequeñas, y de un sabor delicioso.

Las excursiones que considero imprescindibles, una por día, serían las de:

  • De las Siete Ciudades, el Lago del Fogo.
  • Furnas, que incluye la comida con el famoso cocido, cocinado con agua volcánica y en pequeños cráteres en ollas, durante horas. Visitar el Jardín Botánico creado en 1775 en cuyo centro una laguna de agua termal caliente, permite un baño relajante y beneficioso en todos los sentidos.
  • El Nordeste, con un sinnúmero de miradores sobre mares y cimas.

 

Gozaremos de fértiles prados, cráteres y conos volcánicos, hileras de azaleas, y lagunas verde-esmeralda y zafiro-azul, mientras descubrimos casas señoriales e iglesias del siglo XVI.

El volcán como en Lanzarote, está ahí, con sus humaredas, sus aguas termales, sus minerales, pero domesticado con una agricultura rica y armónica. Podemos decir que hasta lo árido es suave y delicado, en estas islas. No hay turismo masivo, las gentes son agradables y educadas y los precios son más que razonables incluso en los deliciosos pescados del día que no tienen precio según mercado, con lo que se evita el habitual trabucazo de la gastronomía de la mar. Y cosa muy curiosa, en muchísimas zonas se destilan aguardientes de diferentes frutas y de moderada graduación, que permiten alargar el dulce ensueño de estas islas.

 

José Luis Yzaguirrez / Magaly Tamargo

 

 


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