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El agua es un elemento vital para las plantas, se filtra y las  raíces subterráneas la toman de la tierra, arrastrando con ella los nutrientes minerales necesarios que la planta necesita. También se absorbe por las hojas, aunque hay algunas plantas que no soportan agua en ellas.

El agua de riego es mejor dejarla reposar para que pierda el cloro por evaporación, y que esté a una temperatura ambiente. Si se emplea  aguas duras, con un alto contenido de cal, puede aparecer en la superficie del sustrato una corteza blanca, que  no es muy perfjudicial por lo general, pero sí para algunas plantas. Si queremos regar  plantas  sensibles al exceso de cal se debe  utilizar aguas blandas. Un método para obtener agua blanda consiste en recoger el agua de la lluvia. Para reducir la dureza del agua se puede recurrir a hervir el agua, añadir algunas gotas de algún producto ácido (limón, vinagre, etc.).

Pero el agua  igual que le proporciona la vida, también puede ocasionarle la muerte por exceso. En realidad, mueren muchas más plantas por exceso que por cualquier otra causa. No se pueden dar normas absolutas sobre la cantidad de agua que debe recibir una planta o dónde suministrársela, ya que depende mucho del entorno, del tipo de maceta donde estén emplazadas, la tierra empleada, temperatura, época del año y ubicación.

Por ejemplo las macetas de barro precisan más cantidad de agua que las de plástico. Las plantas en mezclas con tierra necesitan más que las que tienen mezcla con turba.

 

 

Las plantas en macetas o tiestos precisan más riego que las que están directamente en la tierra del jardín, aunque se trate de la misma especie.

Por otra parte tampoco necesitan la misma cantidad de agua durante todo el año. En primavera y comienzo de verano, que es cuando echan nuevas hojas y raíces, precisan más cantidad de agua. En invierno, debido a la falta de luz, reducen su ritmo de crecimiento, y el riego debe reducirse al mínimo, incluso a veces anularse. Si la planta está en el interior, cerca de la calefacción, sí precisará más agua en invierno.

Una planta que tenga muchas hojas y grandes consumirá mucha más agua, que otra de hojas pequeñitas.

Algunos síntomas de detección de falta de riego son cuando  las hojas no tienen brillo, se abarquillan, amarillean y se quedan lacias, incluso se empiezan a caer. Por el contrario si es exceso de agua las hojas se ponen amarillas y se caen.

Para comprobar si una maceta de barro por ejemplo precisa riego, basta con golpear un costado de la maceta, si el sonido es resonante, la tierra está seca, si el ruido es sordo, todavía tiene humedad. Si la maceta es de barro, podemos introducir un cuchillo o lápiz en la tierra, y ver si sale manchado o no. Aunque lo mejor es comprobarlo metiendo el dedo y notar si está seco o húmedo. También existen higrómetros, que se clavan en la maceta y miden la humedad. Todos estos métodos pueden ayudarnos, pero no son fiables del todo, ya que puede que sólo esté seca la superficie y el fondo esté encharcado, en cuyo caso regar más sería muy perjudicial.

No se debe dejar que se queden sin agua y se mustien, pero tampoco debemos regar a lo loco. Las plantas necesitan luchar por la humedad para que desarrollen bien sus raíces. Si la maceta se seca mucho, la bola de tierra encogerá y el agua correrá hasta el fondo y saldrá por los agujeros de desagüe sin mojar apenas la tierra. Si esto ocurre, hay que sumergir la maceta  en un cubo de agua, hasta que el agua cubra la superficie de la tierra, dejándolo empapar hasta que salgan burbujas. Después se saca y se aprieta la tierra en torno al borde. Este método de inmersión, se usa también para plantas en cestos colgantes.

Para recuperar una planta regada excesivamente, hay que sacar el cepellón de la maceta con cuidado,   envolverlo en varias capas de papel absorbente  y dejarlo 24 horas, cambiando si es preciso el papel. Después volver a colocarla en la maceta y no regar durante algunos días.

Para recoger el agua sobrante de las macetas, colocar bandejas o platos, aunque no conviene dejar la maceta dentro de un plato con agua, ya que pueden llegar a pudrirse las raíces, conviene colocar gravilla, arcilla expandida, etc.

Cada planta necesita un riego diferente, los helechos por ejemplo precisan mucha humedad, y los cactus y crasas muy poco riego, y en invierno un reposo total.

Hay algunas plantas con hojas y flores delicadas, que no pueden mojarse con el agua, para ellas se debe utilizar una regadera de cuello largo que alcance la tierra bajo el follaje sin tocar la planta. También se pueden colocar en una palangana de agua hasta que se humedezca la superficie de la tierra. Después se colocan sobre una capa de guijarros o grava húmedad. Se usa mucho para el ciclamen, violeta africana y gloxinia.

Las bromeliáceas consiguen la mayor parte del agua   a partir de un depósito en una cavidad central que poseen, por lo que siempre debe estar lleno de agua. También precisarán un  pulverizado en las hojas.

 

El riego en vacaciones

Lo ideal es dejarlas al cuidado de algún vecino o amigo de confianza, pero como no siempre es posible, hay que usar otros métodos. Hoy en día no hay tanto problema, ya que se pueden comprar unas macetas y recipientes de riego automáticos (hidrojardineras), muy útiles y que nos servirán para siempre, tanto si estamos de vacaciones como sino. Son contenedores con un depósito en el fondo y el agua asciende por capilaridad al sustrato. Existen infinidad de diseños, materiales y colores. Sólo se debe rellenar el depósito cuando descienda el nivel, que será 1 vez al mes más o menos, dependiendo del tamaño, ubicación, plantas que contenga, etc.

Conviene situarlas en la habitación donde se encuentren más frescas, y reciban menos luz, por lo que al tener un menor crecimiento consumirán menos agua. También si están agrupadas y con recipientes llenos de agua al lado, tendrán más humedad. Se pueden colocar sobre bandejas con guijarros y agua, sin que el agua llegue a tocar la tierra.

Otros métodos más económicos son:

- Un trozo de venda con un extremo en un cacharro con agua y el otro metido en la tierra, que conducirá el agua por capilaridad.

- Colocar  una venda unida a un grifo que gotea, y extenderla sobre una fila de macetas colocadas en una bañera vacía.

- Colocar la planta en una bolsa de plástico sellada con una goma, se crea un terrario, que desprenderá humedad por transpiración y la mantendrá húmeda durante algún tiempo.

- Colocar una botella de agua o garrafa, boca abajo con un agujerito del que caen gotas.

- Irrigadores o difusores porosos de barro, de venta en comercios, que se insertan entre las plantas, que se pueden ir rellenando de agua, que se difundirá lentamente a la tierra.

- Kits de riego semi-automáticos con un depósito del que parten tubos hasta cada maceta, que van soltando un poco de agua cada cierto tiempo.

- Geles que se adicionan al sustrato y absorben el agua y después la van liberando poco a poco.

- Cartuchos de arcilla, que son pequeños depósitos que se clavan en la tierra, y en el otro extremo tiene un tubo que se debe introducir en cualquier depósito lleno de agua.  

   

   

Riego en frutales  y árboles

No todos los frutales son iguales, mientras que algunos requieren un riego abundante para dar fruto, como es el caso de un kiwi, otros como la higuera producirá higos aunque crezca en un terreno seco. Incluso un mismo frutal y de distinta variedad será diferente. Conviene asesorarse a la hora de comprarlos, y procurar que todos sean más o menos de las mismas características.

Los árboles y arbustos requieren mayor cantidad de agua al comienzo de la brotación de las hojas, en el momento en que se formen los frutos y en los días previos a la recolección. El riego no debe incrementarse durante la época de mayor calor del verano, porque le impediría el fortalecimineto y endurecimiento de las ramas, que serían débiles para aguantar el peso de los frutos.

Para los árboles frutales se hace un alcorque alrededor de la base del tronco, así se reducirán las pérdidas y llegará mayor cantidad de agua a las raíces.

El momento del riego estará determinado por el método de riego elegido, pero por norma general se debe hacer en aquellos en que se produzca menor pérdida por evaporación. En verano por ejemplo se puede realizar a primera hora de la mañana o final de la tarde. En primavera se puede hacer en las horas centrales, evitando que el agua esté demasiado fría.

 

 

Métodos de riego en el jardín

 

- Mediante manguera o regadera, según tamaño de lo que queramos regar. Se administra a cada planta lo que necesite.

 

 

- Por aspersión, es cómodo pero no se controla bien la cantidad de agua que llega a cada planta. Ser pretende simular el aporte de agua de lluvia. Consiste en distribuir el agua por tuberías a presión y aplicarla a través de aspersores en forma de lluvia. Se gasta  más agua que con otros métodos, ya que tiene que empapar antes toda la superficie de arriba, para que luego llegue a profundizar. Con este método es muy importante la hora a la que se riega, ya que las gotas de agua que se quedan en la hojas en pleno verano, podría quemarlas.

 

 

- Por goteo con cañerías subterráneas conectadas a la toma de agua. Se entierran a una profundidad entre 15 y 30 centímetros y van provistas de orificios a intervalos regulares por los que sale el agua gota a gota. Con este método se reduce la pérdida por evaporación, y al estar seca la superficie aparecerán menos malas hierbas. Pero es un método que puede resultar peligroso para las raíces sino se entierra con cuidado. Otro método es dejar las tuberías  aéreas, aunque quede poco estético, se pueden intentar ocultar con grava, cortezas de pino, etc. que además de ser decorativas, ayudan a mantener mejor la humedad.

 

 

Los dos últimos métodos son muy cómodos y además podemos hacer que sean automáticos, y así no tendremos problemas cuando estemos de vacaciones o no tengamos tiempo para dedicarnos al riego

 

 

 

 


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